No hay instrumento pequeño…

…que no merezca ser atendido.

Al comienzo de toda carrera musical hay un pequeño instrumento. Suele conservarse por motivos puramente sentimentales, aunque ya no se use para tocar. Sin embargo, los largos periodos de almacenaje también pasan su factura en forma de corrosión y polvo. Si queremos que estos pequeños recuerdos se mantengan vivos, necesitan ser revisados de cuando en cuando.

Es el caso de esta armónica Honner, la cual, tras una larga estancia en el trastero, requiere una limpieza a fondo.

El instrumento presenta marcas de corrosión, tanto en el exterior como en el interior. Fue necesario desmontarla para asegurar una limpieza completa.

Para limpiar se utilizaron dos desincrustantes distintos, uno para las piezas de latón y otro para las de hierro, así como un pulidor para la carcasa exterior.

Resulta muy grato observar que las lengüetas de esta armónica todavía fueron afinadas a mano, limándolas una a una. Hoy por hoy no se suelen tomar tantas molestias en los instrumentos de esta gama.

Una vez limpia, se vuelve a ensamblar y queda lista para ser usada de nuevo, o bien para que continúe dormitando; mudo testigo de otros tiempos.

Púas para guitarra eléctrica a partir de quarters

Ciertos estilos de música en la guitarra eléctrica demandan púas (plectros) de metal. Una de las fuentes de materia prima son las monedas por diversas razones:

  • Reproducibilidad. Las monedas se acuñan siguiendo estrictas y precisas instrucciones acerca del peso, medidas, calidad y aleación de metales. Esto garantiza que, si uno queda satisfecho con determinada púa, pueda construír otra exactamente igual.
  • Riqueza armónica. Las aleaciones con las que se hacen las monedas, proporcionan un timbre muy apreciado por músicos y audiencia. Las preferidas son las de cuproníquel y algunas aleaciones de plata.
  • Iconografía. Ciertas monedas como el cuarto de dólar estadounidense (quarter), el peso mexicano de .100 Ag (1957-1967) o la moneda de 6 peniques inglesa, forman parte indisoluble de la historia del Rock. No se debe desdeñar el valor sentimental que despierta en los intérpretes el usar unas u otras. Una actitud positiva hacia el instrumento y las piezas, facilita y mejora la calidad de la interpretación.

He recibido el encargo de elaborar toda una serie de púas a partir de los grandes clásicos. Empezaremos por el quarter.

Aquí tenemos varios ejemplares de diferentes estados, todos de acuñación reciente. Destacan por su valor iconográfico el de Washington en honor a Bruce Springsteen y el de Texas por Billy Gibbons.

Para realizar el trabajo utilizo medios exclusivamente manuales. Nada de herramientas eléctricas, el calor que generan en la moneda puede alterar significativamente el timbre de la misma. Con la moneda sujeta entre los dedos y la mano desnuda, me aseguro de que no se sobrecalienta la pieza al trabajarla. Poco a poco, con una lima basta, se da forma a los bordes.

Una vez perfilada, se trabajan los bordes con lija para metal de diferente grano. El objetivo es biselar por ambas caras pero sin llegar a  hacer filo. Es importante eliminar los relieves de letras o cifras que queden demasiado cerca de la punta para que no provoquen efectos indeseados.

El resultado final, tras un rato de paciente trabajo, es este:

En próximas entradas veremos esta misma técnica aplicada a diferentes monedas.

Flauta inglesa de 1 llave

Acabo de dar de alta a un paciente de fisionomía poco habitual. Se trata de una flauta hecha según el patrón inglés, a la usanza del s. XIX.

Es de madera de boj con anillos de cuerno, factura relativamente moderna, con una llave para el Mi bemol. Presenta dos cuerpos de recambio. Uno es para tocar en A 430 y el otro en A 452. No he podido rastrear la marca del fabricante debido a que es un símbolo o anagrama. Lo más probable es que se trate de algún lutier independiente.

La flauta presentaba una fractura importante en el cuerpo II, con rotura de anillo y espigo, así como varias grietas menores en la embocadura. Los corchos estaban gastados y quebradizos, por lo que fueron sustituídos por unos nuevos.

Estas fracturas y grietas son muy comunes en los instrumentos de boj, ya que esta madera, con el paso de las décadas, tiende a estallar y/o doblar.

Todas las fracturas y grietas habían sido reparadas con anterioridad, cediendo de nuevo con el paso del tiempo. El método empleado en su momento  fue aplicar gomalaca, que como adhesivo es bastante pobre. A la vista del resultado, opté por retirar la gomalaca y rehacer las reparaciones con cianoacrilato y polvo de las propias piezas. La gomalaca es fácil de retirar, ya que se ablanda y disuelve con alcohol.

En el caso del cuerpo II, había un falso espigo hecho con un casquillo finísimo de madera y rodeado por un grueso anillo de cuerno. Hubo que pegar una a una las diferentes astillas para recomponerlo.

Una vez colocadas y aseguradas, se da el acabado lijando con cuidado para igualar todo. Es importante que la superficie sea lisa y uniforme para que el anillo vuelva a encajar sin holguras. Tanto las astillas como el anillo los recompuse con cianoacrilato. Sin embargo, para pegar el anillo a la flauta usé cola de cartílago, que es muy flexible y se puede disolver con relativa facilidad en caso de que hubiese que volver a reparar la pieza.

La corona también tenía una grieta, casi invisible desde el exterior, pero muy evidente en la parte de dentro. La sellé con cianacrilato, al igual que la grieta en la base de la embocadura. Finalmente, le puse corchos nuevos en todos los espigos.

 

Más adelante hablaremos acerca del porqué de estas diferencias en el pitch de las flautas del s. XIX. Un tema complejo y apasionante que dio mucho que hablar en su momento, hasta que se consensuó el A 440 actual.

Restauración del violín de D. Antón Losada Diéguez (3)

Mientras dejamos que el estuche se digne a secar del todo la pintura, hablaremos un poco de la datación y el modelo del violín.

A través de los agujeros de las efes, se pueden ver dos etiquetas y una letra escrita. La priemera etiqueta tiene las siglas JTL y el logo de una lira resplandeciente. La otra tiene un número, el 3. La letra que hay escrita es una M.

Las siglas JTL y el logo de la lira, corresponden a un famoso fabricante de violines francés: Jérôme Thibouville-Lamy. Creó una auténtica industria de fabricación de instrumentos musicales. Fue el primero en aplicar los postulados de la Revolución Industrial a su negocio y llegó a tener varios talleres en los que trabajaban 1000 obreros, así como tiendas y despachos por todo el mundo. Afortunadamente, la firma editaba un completo y amplio catálogo de sus productos, lo que facilita enormemente la labor de identificación.

El logo de la lira sitúa el violín antes de 1912, pues a partir de ese año, se diferenció por familias, añadiendo a la lira un violín en el caso de la cuerda frotada. Así pues, consultando el catálogo de 1901, encontramos estas coincidencias con nuestro violín:

 

De todo esto deducimos lo siguiente:

  • El cordal es de ébano, no de madera pintada.
  • El arco, de la gama corriente, es el modelo de botón octogonal y barniz rojo. El número 19 que aparece grabado en el arco y la nuez lo corroboran (17,50 francos).
  • El estuche, también de la gama corriente, es de esquinas redondeadas, cierre de palanca e interior de fieltro (5,50 francos).
  • La M solitaria indica que se trata de una copia del modelo de Maggini, clasificado como violín de orquesta (100 francos)

La etiqueta con el número 3 indica, según los códigos del fabricante, la calidad del fileteado. La escala va del 1 (falso fileteado, pintado) hasta el 4 (máxima calidad).

Así pues, se trata de un violín de orquesta, construído según el patrón de Giovannni Maggini en algún momento del cambio de siglo. Es un instrumento profesional de gama media.

Lámina de nácar

Tenía muchas ganas de conseguir una de estas.

lamina nacar

Es una lámina de nácar natural de 14×24 cm. Me interesa sobre todo para reparar la tapa de la nuez del arco cuando es necesario. En los arcos de gama media y alta no se concibe montar otra cosa. Este material también se usa en las llaves de muchos instrumentos de viento metal, sobre todo, así como en adornos personalizados.

Obviamente, no hay conchas de ostra tan grandes como para proporcionar esta lámina. Se elaboran de modo análogo a los tableros de aglomerado de madera. De hecho, si se mira al trasluz, se pueden ver las uniones. Aún así, sigue siendo un material exquisito, un regalo para la vista.

Encerdado de un arco de cello

Finalmente, aquí tenemos la tarea que tanto interés y expectación despierta: el montaje de pelo en el arco.

Este arco en concreto necesitaba muchas más atenciones que el mero hecho de cambiar las cerdas. Es el que tenía rota la guarda de la punta, entre otras cosas. Más adelante veremos algunas de ellas.

La primera cuestión es ¿cuánto pelo se monta? El intervalo oscila entre 150 y 250 pelos. El número exacto depende del calibre medio de la madeja que se esté usando y del tamaño de la nuez. La férrula metálica que sujeta y distribuye el pelo a la salida de la nuez es un buen indicador para saber cuánto pelo vamos a necesitar. Cuanto más ancha sea, más pelo carga el arco. Obviamente, los arcos de violín necesitan menos pelo que los de cello y éstos a su vez, menos que los de contrabajo. Sin embargo, hay diferencias significativas entre un arco y otro, aunque sean del mismo instrumento. Y no digamos ya de una madeja a otra cuando se trata de pelo natural. Por tanto, hay que estudiar con atención cada caso y medir atentamente cada mechón; no hay una fórmula mágica ni un número fijo.

Una vez armado el mechón, lo atamos en un extremo con hilo de algodón

Una vez atado, cortamos el sobrante con cuidado de que los pelos queden bien igualados en el extremo. Después se empapa en polvo de resina y se flamea para que queden bien pegados unos a otros.

Al flamear no se trata de quemar el pelo, sino de fundir la resina para que fluya y se entremezcle con el pelo. Si se hace bien, da lugar a un adhesivo fuerte y flexible a la vez. Hay quien usa alambre de cobre para atar y cianoacrilato (Superglue, Loctite…). Yo lo he probado y, aunque es muy cómodo y rápido, da lugar a una unión demasiado rígida, la cual fuerza y maltrata las cuñas de montaje. Personalmente prefiero el sistema tradicional a base de hilo y resina.

Introduzco el extremo así asegurado, en la caja de la punta y lo sujeto con su cuña de madera.

Una tentación diabólica en la que caen muchos técnicos es aplicar cianoacrilato a la cuña. Así el pelo queda sujeto sin posibilidad de escapar. Es una forma de salir del paso que a la larga perjudica seriamente al arco, ya que para retirar las cuñas en el siguiente encerdado, hay que destruírlas.  Escarbar las cuñas para romperlas, acaba inevitablemente en daños a la caja de la punta y de la nuez.

Para “domar” el pelo, se sujeta el mechón con una goma. Así mantendrá la forma adecuada y no se soltará mientras continuamos con otras tareas.

 

Una vez sujeto el pelo a la punta, repetimos la operación en la nuez. Hay que cuidar mucho la distancia  a la que se corta el pelo, ya que es fácil quedarse corto o pasarse de largo. No hay margen para el error.

Lo primero es peinar bien el mechón para que los pelos queden lo más paralelos posible. La férrula metálica debe ser colocada ANTES de meter el pelo en la caja de la nuez, con el extremo biselado mirando hacia la punta. Una vez asegurado el pelo en la nuez, colocamos la tapa, distribuimos el pelo uniformemente a lo ancho de la férrula y lo sujetamos con la cuña correspondiente.

El pelo queda así listo para la última operación, que es el flameado. El flameado tiene por objetivo lograr que todos los pelos tengan la misma tensión y facilitar la adherencia de la resina. Para flamear, se humedece bien el pelo, se pasa por la lámpara de alcohol primero sin tensión y después tensando el arco.

Por último, se aplica resina hasta lograr la adherencia deseada. Queda así el arco listo para su uso.

 

Reposición de una guarda de punta rota.

Probablemente sea la reparación más común en lo que a arcos se refiere. En este caso se trata de un arco de cello al que le ha roto más de la mitad de la guarda de la punta. Estas guardas están precisamente para servir de sacrificio en caso de que la punta del arco reciba un golpe. Es más fácil cambiar una guarda rota que arreglar una punta rota (si es que el daño es reparable).

La guarda consiste en dos piezas: una blanca (que antiguamente era de marfil) y una negra (generalmente madera de peral teñida). Hoy por hoy se suelen utilizar piezas de plástico ABS, que será lo que monte en este arco. También hay disponibles otros materiales como hueso o imitación de marfil.

Lo primero que hago es sacar una plantilla en papel para saber dónde está el agujero de la caja para el pelo. Las piezas vienen cortadas por exceso para que sean luego ajustadas a la medida del arco en el que se instalen.

Una vez pegadas las dos piezas se recorta y lija lo que sobra. Después se hace el agujero de la caja con la ayuda de la plantilla que saqué al principio.

Una vez terminado, se retoca el barniz de la punta si fuese necesario. Queda el arco listo para encerdar.

Refuerzo de la guía del tornillo en un arco de cello

El tornillo que sujeta la nuez y tira de ella para tensar el pelo, es bastante largo. Se acomoda en un agujero que coincide con el eje longitudinal del arco. Un problema común que aparece con el uso prolongado es el desgaste de la madera en sentido transversal. Es decir, agujero se agranda hacia la cara superior del arco, descentrando el tornillo.

Es un proceso lento, no ocurre de un día para otro, por lo que suele pasar desapercibido. Este desgaste provoca una caída en el rendimiento del arco, ya que al no transmitirse la tensión del tornillo de modo uniforme, se generan sobrecargas en otras zonas del arco. Aparecen problemas de pérdida de curvatura, desviaciones de la madera y finalmente, fracturas.

La reparación consiste en rellenar el agujero con una mezcla de serrín (preferentemente del mismo tipo que la del arco o la más similar disponible) y adhesivo. Una vez hecho esto, se rehace el agujero bien centrado y calibrado para realojar el tornillo.

Por supuesto, hay otras técnicas para hacer esta intervención. Cada cual escoge la que más le convenga en cada momento. Este es un método rápido y limpio que permite devolver el arco al servicio sin tener que reconstruír todo el sistema de anclaje de la nuez.

 

Mordaza para arcos.

Últimamente, dada la creciente demanda de encerdado de arcos y el interés que despierta el tema, voy a dedicar algunas entradas al respecto.

Empezaré por hablar acerca de la mordaza o sargento especial para arcos. La mía opté por fabricarla yo mismo, ya que los modelos que hay a la venta no me convencen.

Consiste básicamente en una tabla gruesa sobre la que se instalan dos mordazas de tornillo, una móvil y otra fija.

La mordaza fija, la más grande, consta de dos piezas de madera. Una de ellas está atornillada a la base y la otra es móvil. Ambas se unen por medio de un tornillo y dos tubillones de madera que estabilizan y reparten la presión. Las muelas de la mordaza son de lámina de corcho para no dañar  la madera del arco. El tornillo se acciona por medio de una tuerca embutida en un mango de madera, ahuecado previamente.

La mordaza móvil es un poco más compleja. Tiene su propia base, la cual se sujeta con un tornillo pasante que atraviesa la tabla principal. El conjunto se asegura por medio de una palometa. A lo largo de la tabla hay una ranura por la que se desliza el tornillo de la base de la mordaza, para situarla a la distancia conveniente. Esto permite acomodar arcos de diferentes medidas, desde el 1/16 hasta el 4/4. El sistema de construcción y funcionamiento es el mismo que en la mordaza fija, aunque en este caso los estabilizadores son metálicos (hechos con varilla rosacada) y las muelas de corcho están talladas con la forma de la punta del arco. El tallado es para repartir mejor la presión sobre la punta, ya que esta es una parte muy delicada del arco.

El arco se sujeta con el pelo hacia arriba, la parte trasera en la mordaza fija y la punta en la mordaza móvil, tal y como se muestra a continuación.

Conseguimos así una sujección sólida y delicada a la vez, que nos permite trabajar con ambas manos cómodamente. Es, sin duda, una herramienta de enorme utilidad para las tareas de mantenimiento y reparación de arcos; casi imprescindible, diría yo.

Restauración del violín de D. Antón Losada Diéguez (3)

Llegamos al ecuador de las tareas de barnizado.

 

 

La persistente lluvia, con su terrible humedad ambiental, ha retrasado mucho este trabajo. Aunque hoy sigue lloviendo, la mejoría de estos días ha rebajado la humedad ambiental como para retomar el barnizado. La previsión meteorológica es una tendencia a mejorar, así que aprovecho para continuar la tarea.

En este momento he terminado de dar las manos de fondo. En cuanto seque, pasaré una finísima lija al agua para igualar la superficie y continuar añadiendo manos de goma-laca. El acabado final tendrá un tono más oscuro que el de las fotografías, uniformando el color y difuminando las cicatrices, aunque éstas nunca se irán del todo.